Sexo Químico, CHEMSEX y VIH

Por: Jeremy Cruz, Miembro Fundador del Centro de Atención a Transgénero Integral (CATI) Maestro en Ciencias de la Salud/ Salud Mental Publica, Coordinador de la Sección Académica Diversidad Sexual de la APM

Se estima que el 44% de los adultos que viven con VIH tienen algún trastorno por uso de alcohol u otras drogas, lo cual esta reportado que es mucho mayor que en la población general. El consumo de sustancias representa una carga a los servicios de salud y reducción de la esperanza de vida para los sujetos (Bing et al 2001 y Obel et al 2011). El con- sumo de sustancias en los pacientes con VIH presenta una serie de interacciones complejas entre los factores biológicos, personales, de salud mental y sociales. El impacto del consumo de drogas y los trastornos mentales en la transmisión del VIH con un enfoque particular en las personas que sufren trastornos concomitantes mentales y de uso de sustancias. Es decir que presentan un: ‘triple diagnóstico’ (Klinkenberg et al 2004).

La concurrencia del VIH, consumo de sustancias y algún otro trastorno mental tiene elevada prevalencia en los centros de tratamiento, las cuales superan el 50%. De los datos locales sabemos que alrededor del 2% de los pacientes, prefiere suspender el tratamiento antirretroviral para con- sumir sustancias -dichas cifras podrían ser mucho más elevadas-. Y esto tiene un impacto en la adherencia e incrementa la morbilidad y mortalidad de la enfermedad.

Las sustancias más reportadas en personas con VIH son etanol, cannabis y cocaina (Romanelli 2003 y Condesa 2014).

Cuando se hace una investigación más minuciosa se encuentra que hay otras sustancias en juego: Las drogas de “club” son altamente populares entre los hombres que tienen sexo con hombres, ejemplos de estas sustancias estimulantes son: las anfetaminas, metanfetamina, sustancias disociativas como LSD y ketamina, e inhibitorias como el GHB.

El consumo de estas sustancias ha crecido hasta 60 veces más en los últimos 20 años. Un factor de riesgo es que el uso combinado con etanol incrementa sus efectos y puede asociarse a conductas de riesgo o sobredosis (Colfax G. et al 2006). Y debido a la desinformación tanto del personal de salud como de los portado- res del VIH, se llega a suspender el trata- miento antirretroviral durante el consumo de sustancias lo cual puede generar fallas en la adherencia, resistencia a medicamentos y progresión de la enfermedad.

Aproximadamente 20% de los HSH han reportado simultaneidad de parejas y con- sumo de sustancias durante las relaciones sexuales (Hirata-Cruz 2018). El “Chemsex” o sexo químico consiste en mantener relaciones sexuales bajo intoxicación con sustancias estimulantes con el fin de tener una mayor duración y expansión del placer (Bourne 2015). Desde 2011 los datos sugieren un aumento en las nuevas sustancias psicoactivas, tanto en las poblaciones heterosexuales como en los HSH con especial preocupación enfocado en mefedrona y GHB / GBL (DrugScope, 2014; Stuart, 2013a; Kirby y Thornber-Dunwell, 2013).

Hay variantes como el Chemsex DURO, el cual se caracteriza por la administración de drogas psicoestimulantes mediante inyección intravenosa. Tales fenómenos han aumentado especialmente con la aparición de las nuevas sustancias psicoactivas (NSP) en el mercado (Bourne et al 2015). Si bien el Chemsex no es un fenómeno nuevo, los profesionales de la salud temen que la mayor disponibilidad y accesibilidad de las drogas y el sexo a través de sitios web y aplicaciones móviles haya aumentado la aceptabilidad, lo moderno y la incidencia de la Chemsex (Hockenhull et al 2017).

Las asociaciones entre las drogas y el sexo no son nuevas, sin embargo, el sexo bajo la influencia de drogas previamente populares, como el éxtasis y la cocaína a menudo fue accidental, en lugar de intencional y planea- do, como se ha reportado con GHB / GBL, mephedrone o crystal metanfetamina. (Hur- ley & Prestage, 2009). El Chemsex Study (2014) informó que, si bien el Chemsex ha recibido una gran atención de los medios, la evidencia sobre el alcance del problema y los posibles daños fue limitada. Hay una falta de estadísticas confiables sobre el número de hombres involucrados, aunque se cree que la proporción de HSH que participan en Chemsex es relativamente peque- ña (Hockenhull et al 2017). Las conductas sexuales de riesgo son un factor importante en el Chemsex, esto podría explicar cómo; La negociación de sexo, especialmente en entornos de sexo grupal, se complica por los efectos de las drogas, y un pequeño número de hombres informó preocupaciones relacionadas con el consentimiento sexual.

Los pacientes muestran temor de hablar con los clínicos por miedo a ser juzgados, y los clínicos tiene miedo o desconocen los términos para interrogar a los pacientes y tener los datos necesarios para poder ofrecer información preventiva.

Hoy, el papel de los clínicos tratantes de VIH es fundamental. Mientras mayor información sobre reducción de daños, interacciones entre las sustancias y los antirretrovirales, así como los nuevos tratamientos; podría revolucionar la manera en como vemos el consumo de sustancias y tener un nuevo concepto llamado “CHEM-SAFE”.

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