¿Padeces de “tristeza futbolística”?

Agencias

Según los especialistas, este sentimiento es más pronunciado si la derrota no se esperaba, o si, antes de ser vencido, el equipo había tenido un éxito que nadie imaginó

 ¿Cómo se manifiesta, en las emociones de un aficionado, el hecho de que su equipo baje de rendimiento? Ese sentimiento de depresión o frustración tiene un nombre: los científicos sociales estadounidenses lo denominaron soccer blues que, traducido al español, sería “tristeza futbolística”.

Según los especialistas en psicología deportiva, este sentimiento es más pronunciado si la derrota no se esperaba, o si, antes de ser vencido, el equipo había tenido un éxito que nadie imaginó.

“No es lo mismo ver a tu equipo eliminado si desde el principio sabías que era lo más probable. Diferente es cuando esperas lo mejor y el equipo fracasa, o cuando tu equipo viene jugando muy bien y falla, pues muchos seguidores se pueden frustrar”, dijo la española Almudena García, de la Universidad de Valencia, quien estudia el tema de las emociones en los aficionados al futbol.

El soccer blues se presenta en todos los deportes, pero en el futbol, por ser tan masivo, se nota más.

La psicóloga costarricense Laura Moreira opina que, para sobreponerse, es recomendable hacer un recuento de las enseñanzas que dejó el partido.

“Tal vez los jugadores nos enseñaron la importancia de luchar hasta el final, o más bien nos mostraron cosas que no debían hacerse. A todo esto se le puede hallar la lección. Incluso, si un equipo va muy bien, estas jornadas tan intensas de fútbol van a terminar un día, y conviene enfocarse en las enseñanzas”, concluyó.

LA TRISTEZA PUEDE PROVOCAR INFARTOS

La pena no parece una causa de muerte clínicamente aceptable como para registrarla en una partida de defunción. O para explicar el motivo del ingreso de un paciente cardiaco a sus familiares. Y, sin embargo, cada vez son más concluyentes los datos que relacionan la tristeza extrema con los infartos y, en general, con patologías del corazón.

El último de los trabajos que avanzan en esta dirección muestra que los afectados de depresión de moderada a severa presentan un incremento de 40% del riesgo de sufrir insuficiencia cardiaca.

El estudio se presentó en el encuentro de enfermería cardiovascular que la Sociedad Europea de Cardiología celebra en Stavanger (Noruega). Para su elaboración se siguió a lo largo de 11 años la evolución psíquica y física (con datos sobre el índice de masa muscular, el ejercicio, hábitos tabáquicos y presión sanguínea) de 63 mil de los 97 mil vecinos de la región noruega de Nord-Trondelag, y se comparó esta información con los ingresos y fallecimientos por insuficiencia cardiaca.

“Cuanto mayores eran los síntomas depresivos, mayor era el riesgo de sufrir problemas cardiacos”, explica Lise Tuset Gustad, enfermera intensivista responsable del trabajo.

Entre los pacientes menos graves la posibilidad de desarrollar problemas cardiacos era solo de un 5% mayor a la esperable.

“Las evidencias entre depresión y patología cardiaca son cada vez más sólidas”, añade el presidente de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), José Ramón González-Juanatey.

Hasta el punto de que la principal sociedad de cardiólogos estadounidense (American Heart Association) planteó añadir la depresión a la lista de factores de riesgo clásicos, como la hipertensión, la diabetes, el tabaquismo, el sedentarismo o el colesterol alto, en pacientes con infarto.

“Ya habíamos visto trabajos previos de los efectos de la depresión en pacientes que habían sufrido un infarto o como factor de riesgo de esta patología coronaria”, apunta el presidente de la SEC.

Pero las conclusiones presentadas dan un paso más al relacionar esta enfermedad mental con un ámbito más extenso como es el caso de la insuficiencia cardiaca, el tramo final de muchas cardiopatías que se presenta cuando el corazón es incapaz de bombear la sangre con suficiente fuerza.

El estudio avanza en la relación directa entre la enfermedad cardiaca y el desequilibrio metabólico (hormonal, desarreglos en neurotransmisores) que caracteriza la depresión.

 

Hasta ahora, se habían descrito fundamentalmente los efectos indirectos. La depresión severa se identifica por la tristeza, la apatía y la desesperanza de los enfermos. Este estado de ánimo repercute en su estilo de vida. Si se tienen que medicar es fácil que dejen de hacerlo o se les olviden tomas. También suelen fumar más, comer peor o practicar menos ejercicio (y, consecuentemente, adquirir peso). Y todos estos factores favorecen el desarrollo de la patología cardiovascular.

Acerca Redacción

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