Consumo, gasto y mortalidad por tabaco en México

En nuestro país, la reducción del consumo de tabaco en los últimos 10 años mediante la instrumentación parcial1 de las políticas públicas recomendadas por la Organización Mundial de Salud en el Convenio Marco para el Control del Tabaco, es un reflejo de claroscuros. Mientras es evidente una ligera disminución del consumo general, como puede verse en el Gráfico 1, principalmente por la reducción del consumo en hombres adultos, la prevalencia de fumadoras adolescentes activas aumentó considerablemente entre 2002 y 2011 (de 3.8% a 8.1%).

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Un consumo de tabaco que se inicie hoy se traducirá en morbilidad y mortalidad en las próximas décadas, tal como sucede hoy con los consumidores que se iniciaron hace 50 años o menos. Empero el conocimiento sobre la vinculación entre consumo de tabaco y algunas enfermedades es relativamente reciente. En los años 50 se publicaron los primeros hallazgos entre fumar tabaco y cáncer de pulmón, por ejemplo.2

Existe un consenso en la comunidad científica que el tabaco es causante del 90% de los casos de enfermedad pulmonar obstructiva crónica.3 Tal vinculación refleja el impacto que podrían tener mejores políticas para el control del tabaco para disminuir una enfermedad prevenible en el 90% de los casos.

Lo que hoy sabemos, gracias a un estudio reciente que será publicado por la Fundación InterAmericana del Corazón México en las próximas semanas, es que la estimación de defunciones atribuibles al consumo de tabaco en nuestro país, por cuatro patologías, es de 66,324, de las cuales 26 mil 293 corresponden a infarto agudo al miocardio, 18 mil 259 a enfermedad pulmonar obstructiva crónica, 16 mil 88 a enfermedades cerebrovasculares y 5 mil 684 a cáncer de pulmón (gráfico 2).

EPOC: enfermedad pulmonar obstructiva crónica. Las defunciones atribuibles se estiman multiplicando el número total de defunciones por las cuatro patologías de interés por la fracción atribuible al consumo de tabaco asociada a esas patologías. Las claves de la clasificación internacional de enfermedades (CIE 10) utilizadas fueron: C34 para cáncer de pulmón, I60-I69 para enfermedad cerebrovascular, J40-J44 para EPOC, I21 para infarto agudo al miocardio.

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Nótese cómo las enfermedades cardiovasculares – incluyendo cerebrovasculares – y las enfermedades pulmonares asociadas al tabaco son capaces de provocar aproximadamente el 10% del total de muertes de todo el país (en 2010 según INEGI hubieron 590 mil fallecimientos).

¿Qué esperamos para mejorar y fortalecer el diseño, instrumentación y evaluación de las políticas de control de tabaco? Sinceramente no lo sé. Desde 2010 una mayoría de legisladores y tomadores de decisión ha vedado toda posibilidad de disminuir la carga de enfermedad y muerte asociadas a su consumo. Frente a un problema de salud pública grave, donde los efectos de mejores políticas serán visibles en el mediano y largo plazo, más vale apurar el paso.

Acerca Redacción

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