Ajustes y cambios en el estilo de vida del paciente con HAP

“Mi nombre es Roberto Arón, tengo 52 años y soy médico psiquiatra. En el año 2003 empecé a notar que me faltaba el aire cuando hacía esfuerzos, sobre todo cuando caminaba y especialmente si el camino era cuesta arriba o al subir escaleras”.

“En una ocasión asistía con mi familia a un concierto, se nos hacía tarde, y corrí junto con mi hijo, subimos las escaleras y empecé a sentir que no podía respirar, una presión en el cuello me impedía hacerlo, al mismo tiempo sentía una enorme debilidad, me senté en el piso y perdí el conocimiento”.

“En el transcurso de un par de años presenté tres síncopes o pérdida transitoria de la conciencia, visité distintos médicos y nadie sabía lo que tenía. Fue hasta que acudí con un médico internista quien me propuso hospitalizarme para hacerme todos los estudios. El electrocardiograma de ingreso mostraba alteraciones, me solicitaron un ecocardiograma en donde se evidenciaba aumento de la presión de la arteria pulmonar, finalmente me practicaron un cateterismo cardiaco derecho el cual confirmó el diagnóstico de Hipertensión Arterial Pulmonar”.

La hipertensión arterial pulmonar (HAP) es una enfermedad en la cual los vasos sanguíneos que transportan la sangre con poco oxígeno desde el corazón derecho hasta los pulmones se endurecen y se estrechan. El corazón derecho debe hacer un mayor esfuerzo para bombear sangre. Con el transcurso del tiempo, el corazón se debilita y no puede cumplir su función.

Las molestias iniciales que genera la HAP son poco específicas y pueden presentarse también en otros padecimientos más comunes, confundiendo y atrasando su detección. Se puede confundir con asma, angina de pecho, trastornos del ritmo cardiaco o ansiedad. Entre los síntomas más comunes están la fatiga, dificultad para respirar, desmayo, dolor de pecho, tos y color azulado de labios y piel.

Para diagnosticar oportunamente la HAP es importante que los médicos de primer contacto y especialistas sospechen la enfermedad y realicen inicialmente el historial clínico, un examen físico, un electrocardiograma y radiografías del tórax; posteriormente una ecocardiografía, un ecocardiograma en ejercicio, pruebas funcionales cardiorespiratorias y un cateterismo cardiaco derecho.

“Posteriormente, me canalizaron al Instituto de Cardiología de México, por primera vez en mucho tiempo, me sentí tratado como ser humano, confirmaron el diagnóstico y me recetaron Bosentan, un medicamento con el que he logrado mejorar de manera notable”.

Aunque no existe una cura conocida para la HAP, sí existen opciones de tratamiento, las cuales han avanzado en los últimos años. Actualmente Bosentan es la terapia oral más utilizada en todo el mundo, indicada para la HAP idiopática y/o hereditaria que retrasa el tiempo de deterioro causado por la enfermedad, reduce los síntomas, devuelve la capacidad de ejercicio y mejora la calidad de vida de los pacientes permitiéndoles retomar sus actividades cotidianas.

“Desde que tomo el medicamento mi vida ha cambiado considerablemente, puedo caminar grandes distancias sin cansarme, puedo subir hasta dos pisos  por las escaleras, y no he vuelto a tener síncopes, pero sobre todo, tengo calidad de vida”.

“Actualmente difundo el conocimiento sobre la HAP con la comunidad médica y población en general, considerando que en la medida en que médicos y pacientes estén mejor informados se podrá reducir el tiempo de diagnóstico e iniciar el tratamiento específico lo antes posible, de esta manera se incrementará la calidad y esperanza de vida de dichos pacientes.”

Acerca Redacción

Equipo de redacción de la red de Mundodehoy.com, LaSalud.mx y Oncologia.mx

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