¡Tantos estudios!

Llega una edad en la que los médicos nos empiezan a pedir análisis de todo para comenzar a descartar enfermedades y prevenir padecimientos, y es por esa sencilla razón que la mayoría de los adultos ya se han hecho análisis para medir los niveles de colesterol. Pero esto no es suficiente, pues cada vez hay más pruebas que indican los diferentes papeles que desempeñan lipoproteínas distintas, conforme pasa el tiempo nos damos más cuenta de la importancia de medir cada una de ellas por separado.

 

Un perfil de lípidos en ayunas mide los niveles de HDL, de LDL y de triglicéridos, no únicamente el nivel de colesterol total. Tal como lo indica el propio nombre, hay que hacerse el análisis en ayunas. Se debe evitar el alcohol durante las 24 horas previas y no se puede comer en las últimas doce horas antes del análisis si se quieren obtener resultados exactos.

 

Hay que tener en cuenta que todos los análisis son diferentes, y cada laboratorio tiene reglas distintas, como en un lugar te pueden pedir un ayuno de 9 a 12 horas, otros pueden dejar que tomes agua del grifo solamente, e incluso hay algunos en los que te van a pedir que vayas sin tomarte tus medicamentos. Es por eso que debes preguntar a tu médico las reglas de los estudios que te vas a realizar, así como a la gente del laboratorio donde te los van a practicar.

 

El diagnóstico suele establecerse a partir de la historia clínica y del examen físico. Se utilizan determinadas pruebas complementarias para confirmar el diagnóstico y determinar la gravedad y las consecuencias de la enfermedad, así como para facilitar la planificación del tratamiento.

 

En primer lugar, el médico pregunta acerca de los síntomas que sugieren la posibilidad de una cardiopatía, como dolor torácico, insuficiencia respiratoria, edema de pies y tobillos y palpitaciones.

 

A continuación, se registra la presencia de otros síntomas, como fiebre, debilidad, fatiga, pérdida de apetito y malestar general, que pueden señalar directamente un trastorno cardíaco. Después, se pregunta al paciente sobre infecciones, exposición a productos químicos, uso de medicamentos, consumo de alcohol y tabaco, ambiente familiar y laboral y actividades recreativas. Por último, es necesario conocer si algún miembro de la familia ha tenido enfermedades cardíacas u otros trastornos y si el paciente tiene alguna enfermedad que pueda afectar al sistema cardiovascular.

 

Durante la exploración física, se registra el peso, el estado general del paciente y se observa si existe palidez, sudor o somnolencia, ya que son indicadores sutiles de una enfermedad cardíaca.

 

Es importante determinar el color de la piel, ya que la palidez o la cianosis (una coloración azulada) indican anemia o escaso flujo sanguíneo. Estas características manifiestan que la piel recibe una cantidad insuficiente de oxígeno a través de la sangre a causa de un trastorno pulmonar, de una disfunción cardíaca o de problemas circulatorios de distinta índole.

 

Se toma el pulso en las arterias del cuello, debajo de los brazos, en los codos y las muñecas, en el abdomen, en las ingles, detrás de las rodillas y en los tobillos y los pies para asegurarse de que el flujo de sangre sea adecuado y simétrico en ambos lados del cuerpo. También se controlan la presión arterial y la temperatura corporal; cualquier anormalidad puede sugerir una cardiopatía.

 

Es importante examinar las venas del cuello ya que están directamente conectadas a la aurícula derecha y dan una indicación del volumen y de la presión de la sangre al entrar por el lado derecho del corazón. Para esta parte de la exploración, se solicita al paciente que se estire con la parte superior del cuerpo elevada en un ángulo de 45 grados. En ocasiones, el paciente podrá sentarse, ponerse de pie o acostarse.

 

Por último, se examina el abdomen para determinar si el hígado está agrandado por una acumulación de sangre en las principales venas que conducen al corazón. Una hinchazón anormal del abdomen, debida a retención de líquidos, puede indicar una insuficiencia cardíaca. También se exploran el pulso y el diámetro de la aorta abdominal.

 

Si el médico encuentra algo anormal, por lo general prescribe más análisis de laboratorio o pruebas diagnósticas por imagen. Puede prescribir un electrocardiograma (ECG), una radiografía torácica, un ecocardiograma (una imagen del corazón mediante ultrasonido) o análisis para determinar la función tiroidea o renal.

 

Si el pulso en las piernas está mermado, se valora mediante una ecocardiografía Doppler (también por ultrasonido) o una prueba no invasiva equivalente. Cuando se han llevado a cabo todas las pruebas, el médico tiene toda la información necesaria para hacer sus recomendaciones acerca de cómo tratar los niveles de lípidos del paciente.

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