Tuberculosis, el antiguo acompañante

Considerada la primera causa de muerte por un agente infeccioso en todo el mundo, la tuberculosis es una epidemia que ha estado presente en toda la historia de la humanidad. No obstante, un resurgimiento importante se presentó a raíz de la diseminación del VIH, que se perfila como el mayor factor de riesgo para contraer la enfermedad pulmonar.
 
A principios del siglo XVII, una epidemia surgió en Europa. Se extendió durante 200 años y fue conocida como la %u201Cgran plaga blanca%u201D. En 1650 se colocó como la primera causa de muerte. Se trataba de la tuberculosis (TB), una enfermedad infecciosa causada por una bacteria que, a decir de los expertos, ha convivido con la humanidad desde el inicio.
 
El también llamado Bacilo de Koch (Mycobacterium tuberculosis) daña principalmente los pulmones, pero puede afectar a la pleura, los ganglios, los genitales, los riñones, el sistema nervioso, los huesos y otros órganos. Puede atacar a personas de todas las edades, pero es más frecuente en mayores de 15 años.
 
La bacteria de la TB puede estar activa (causar la enfermedad) o permanecer latente en el cuerpo, pero aun en este último caso es necesario dar tratamiento pues la bacteria podría activarse en el momento en que el sistema inmunológico presente deficiencias. Si no recibe tratamiento, la mitad de los enfermos puede morir en un periodo de cinco años.
 
De hecho, la cantidad de muertes por TB en el mundo se aproxima a la causada por el VIH/sida, rondando los dos millones de defunciones anuales. En México, de acuerdo con el Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica, se registran17 mil casos nuevos y cerca de dos mil defunciones cada año. La incidencia de la TB es de 20 casos por cada 100 mil habitantes. El promedio de edad de muerte por este padecimiento en el país es de 54 años.
 
Tratamiento
 
Disminuir la incidencia de TB para 2015 es la meta número 6 de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, firmados por todos los países integrantes de la ONU. Para lograrlo, es necesario llevar a cabo estrategias efectivas de detección y de tratamiento. Una persona con TB que no recibe tratamiento puede contagiar a 10 o 15 personas más en un año. La bacteria viaja por el aire en las minúsculas gotas de saliva que el huésped emite al hablar, estornudar o toser, por lo que el contagio es relativamente fácil y es recomendable aislar a la persona enferma.
 
Hasta hace 50 años no existían medicamentos que curaran la TB. Hoy el tratamiento está disponible pero debe ser suministrado en las dosis correctas (combinando, por lo general, tres fármacos) y durante un tiempo de seis meses. Debido al poco apego que presentan algunas personas, o bien, por la poca disponibilidad del tratamiento, cuando éste se suspende o se toma de forma irregular se generan resistencias en la bacteria, lo que hace más costoso y complicado el tratamiento, que puede llegar a requerir quimioterapia de hasta dos años de duración.
 
Coinfección con VIH
 
La infección por VIH es el mayor factor de riesgo para adquirir TB (30 a 50 veces más que la población que no tiene VIH). La Organización Mundial de la Salud calcula que, de los 9.27 millones de casos de TB registrados en el mundo en 2007, 1.37 millones (15 por ciento) tenían también VIH. En el mismo año hubo casi 1 millón 800 mil muertes por TB, de las cuales 456 mil se dieron en personas seropositivas. Estas últimas son consideradas como muertes por VIH según la Clasificación Internacional de Enfermedades, por lo que conformaron el 23 por ciento de muertes por VIH en 2007.
 
El VIH y la TB se potencian mutuamente y su presencia simultánea complica el suministro de tratamientos. Según las guías internacionales, el tratamiento antituberculoso es prioritario, pues al interrumpirse la cadena de infección por TB mejora el estado de salud de la persona y se prepara el camino para el tratamiento antisida. Si la persona tiene una inmunodeficiencia avanzada puede recibir tratamiento contra el VIH y contra la TB al mismo tiempo, pero deben manejarse con sumo cuidado.
 
El manual de atención de la Secretaría de Salud indica que en zonas con alta prevalencia de VIH en la población general, deben sugerirse pruebas de detección de este virus a toda persona que presente TB; en zonas con tasas de prevalencia menor de VIH, se sugerirán las pruebas de detección a personas con TB si se presentan signos relacionados al VIH, como infecciones de transmisión sexual recurrentes o historial de prácticas de riesgo.
 
A pesar de los progresos alcanzados en la colaboración entre los programas de TB y VIH, los avances en cuanto a pruebas de detección del VIH están siendo más rápidos que los relacionados con pruebas de TB. Se estima que aún hay un importante subregistro y que en realidad existen en el mundo 1.4 millones de personas con TB que también tienen VIH.
 
Se viva o no con VIH, es necesario estar atento a los síntomas de la TB como la tos con flemas, expectoración con sangre, fiebre, fatiga o pérdida de peso. Para saber si la bacteria está presente, se realiza una prueba de sangre que podría estar seguida de una radiografía de tórax y un análisis de las flemas que se expulsan al toser. Como en otras infecciones, la cura de la TB depende en gran medida de su detección temprana.

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